lunes, 22 de abril de 2013

QUÉ ES Y CÓMO SE FORMA LA CONCIENCIA


La Conciencia es la capacidad que tiene el ser humano, de discernir sobre el pensar y el actuar, con cuya congruencia se opta sobre la conveniencia e inconveniencia de nuestras acciones, buscando siempre el equilibrio entre lo justo y lo negativo, de manera que no se lesione el derecho de una segunda persona o hermano.
En una palabra la conciencia determina el libre albedrío de la persona, para escoger el camino del bien o del mal, según la inclinación de los instintos que dominan el alma, y obligan al hombre a actuar positiva o negativamente.
Sabemos que en el alma humana, tenemos todos los instintos animales, que semeja tener encerrados  en una jaula, todas las especies de este Reino, y todos los instintos se quieren satisfacer al mismo tiempo, cuando el espíritu toma materia por primera vez, como hombre.
El espíritu, único responsable de los actos del hombre, debe saber elegir cuál instinto debe saciar primero, y así empieza a perfeccionar su alma y ordenar su conciencia, conforme va saciando sus instintos, labor que le lleva millones de siglos, desde el mundo Embrionario, luego el de Prueba, el Primitivo, hasta que asciende a un mundo de Expiación, como lo fue la tierra en su primera etapa.
Como su nombre lo indica, a este mundo viene el espíritu a expiar todas sus culpas, deudas, faltas o pecados, cometidos en estos tres mundos anteriores, más ya ha dominado aquí, la mitad más uno de sus instintos, y con ello ha empezado a hacer conciencia, a legislar y a distinguir el bien del mal, la libertad de la esclavitud, lo justo de lo injusto, etc. Más no toda la Humanidad ha llegado a este terrón, con el mismo bagaje de sabiduría, pero sí la mayoría está camino a la obediencia de la Ley, y la Humanidad de la Tierra en su conjunto (más de 7,000 millones de espíritus hechos hombres), es una minoría, respecto a los dos billones de espíritus que corresponden a este planeta.
Más esta Humanidad ya ha hecho conciencia, por eso  ha sido juzgada, celebrándose el 5 de abril de 1912 el llamado Juicio Final, en donde se acordó implantar la Fraternidad, hace ya más de cien años, pero tenemos aquí una minoría, que se sigue imponiendo por la fuerza de las armas nucleares, y con ellas ha cometido genocidios en la población civil.
La mejor prueba de que ya hemos sido juzgados, “vivos y muertos” (hombres y espíritus libres), es que nunca había la Humanidad progresado más, que en estos cien años posteriores a él. Todo el tiempo anterior (millones de siglos), progresamos tan lentamente, que en 20 millones de siglos de existencia sobre este terrón, apenas comenzaríamos a construir chozas rudimentarias, mucho después se produciría el fuego, se inventaría la rueda, etc.
Entonces amados hermanos, ya la mayoría del género humano ha hecho conciencia, aunque en la antigüedad hayamos pasado por todas las etapas del progreso, y hemos sido capaces de arrancarle los ojos al infante, porque en ellos vimos reflejada nuestra imagen, o estuprar a una doncella y sacarle el corazón para comulgar con su sangre, al sacrificarla a los dioses; cebar un hijo para comérnoslo en un festín, o comernos a nuestra propia madre, sin saber que hacíamos mal.
Ya sabemos cómo se adquiere la conciencia, saciando instinto por instinto, que nos obligan a actuar como cada especie animal, desde la ferocidad del león y de todas las fieras, hasta la mansedumbre del gato, la fidelidad del perro, la astucia del zorro, etc. Estos instintos dominados forman la conciencia, que nos ordena siempre:
OYE LA VOZ DE TU CONCIENCIA
Oye siempre la voz de tu conciencia,
Cuando ames, cuando sufras, cuando llores,
Cuando veas agotarse tu paciencia,
Cuando aspires el perfume de las flores
Y harás más llevadera tu existencia.
Cierto que la carne es débil e inconsciente,
Y que obra al conjuro del instinto,
Pero piensa y verás que es diferente
Razonar antes de actuar es muy distinto,
No lo apartes nunca de tu mente.
Como aquel hermoso juramento
Que hicimos al Divino Creador,
De no obrar nunca en detrimento
Del hombre nuestro hermano
A quien le debemos respeto y amor.
La conciencia es un Juez inapelable,
Que siempre nos indica actuar,
Con amor y no en forma detestable
Y siempre la Ley Divina acatar,
Pues la Ley de Amor es inexorable.

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